La globalización de Halloween - Hola English

La globalización de Halloween

En España, mucha gente se resiste a celebrarlo por respeto a la tradición cristiana de la víspera de Todos los Santos. Pero lo cierto es que la noche del 31 de octubre se celebrará la fiesta de Halloween en muchas partes del mundo, en el formato norteamericano globalizado por películas y series de televisión.

¿Cómo hemos llegado a este híbrido entre carnaval y el Thriller de Michael Jackson?

El origen del término “Halloween” parece ser de origen escocés, como resultado de una contracción de “All Hallow’s Eve” (víspera de Todos los Santos).

La creencia más extendida es que la fiesta de “All Hallow’s Eve” fue la adaptación cristiana de un festival pagano, celebrado por las tribus celtas de Irlanda y Escocia llamado Samhain (pronunciado “sow-in”), que significa “fin del verano”. Se celebraba al finalizar la temporada de cosechas para dar comienzo al “año nuevo celta”, coincidiendo con el solsticio de otoño.

Cuando las cosechas se echaban a perder, se atribuía a los malos espíritus. Los celtas creían que, durante el festival, los muertos cruzaban al mundo de los vivos y las arruinaban, por lo que encendían hogueras con la idea de ahuyentarlos. Para apaciguar a los buenos espíritus, sin embargo, se hacían ofrendas de comida y bebida.

Durante la celebración del Samhain se decoraban hortalizas, típicamente nabos, como amuletos para proteger las casas.

La tradición del “truco o trato” (trick or treat) comenzó alrededor del siglo XVI en Irlanda, Escocia y Gales, cuando la gente iba de casa en casa ofreciendo cantar o recitar algún poema para celebrar la fiesta, a cambio de algo de comer. Algunos se vestían de manera especial y se pintaban la cara de blanco, emulando estar muerto, para protegerse de los espíritus, camuflarse entre ellos y engañarlos (to trick them, en inglés)

La versión cristiana de la fiesta de Todos los Santos surgió para eliminar las supersticiones y tradiciones paganas. En su lugar, los cristianos honrarían a sus santos y rezarían por las almas que todavía no habían podido llegar al cielo. Los niños iban de casa en casa para rezar por el alma de los seres queridos que habían fallecido y a cambio, se les regalaba dulces y pasteles. Se vestían de ángeles, demonios o santos.

Con la llegada de los inmigrantes irlandeses a Norteamérica en el siglo XVIII, se extendió también esta costumbre. Como no había nabos, comenzaron a tallar calabazas, que era lo que tenían a mano. Para comienzos del siglo XX la tradición ya se había extendido por todos los Estados Unidos, incluyendo el ritual del “truco o trato”.

Los disfraces evolucionaron y empezaron a ser más atrevidos durante la época victoriana. El arte gótico y la literatura inspiró que los niños se vistieran de fantasmas, murciélagos o incluso de faraones egipcios. Con el tiempo, en el siglo XX, la cultura pop también tuvo su impacto en los disfraces.

Las producciones de Hollywood exportaron el formato al resto del mundo.

No obstante, antes de la globalización, cada cultura ha celebrado una fiesta parecida durante esta fecha, en distintas partes del mundo:

En Chequia, por ejemplo, la costumbre es dejar una silla junto a la chimenea para cada miembro de la familia, vivo o muerto.

En Austria, mucha gente deja pan, agua y una lámpara encendida encima de la mesa, antes de acostarse, para darle la bienvenida a los muertos que regresan al mundo de los vivos esa noche.

En Alemania, se esconden los cuchillos, para que los espíritus no se hagan daño al volver a casa _ o para protegerse de sus ataques.

En Kawasaki, Japón, se celebra un desfile de disfraces con unos 2.500 participantes y alrededor de 100.000 espectadores.

En Manila, Filipinas, las sociedades protectoras de animales organizan concurso de disfraces para recaudar fondos.

Controversia aparte, nuestros estudiantes del curso académico en Estados Unidos, Canadá, Irlanda y Reino Unido, van a celebrar la fiesta de Halloween, aunque cada uno lo haga a su estilo y por diferentes motivos.

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